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jueves, 30 de abril de 2015

La Guerra de Vietnam: A 40 años del triunfo de Vietnam del Norte


Más de 3 millones de vietnamitas murieron. Aproximadamente 2 millón eran civiles inocentes, mientras que el millón restantes eran norvietnamitas y survietnamitas del Viet Cong. También murieron más de 300 mil camboyanos y aproximadamente 200 mil laosianos, todos civiles; y más de 1,400 chinos comunistas. De ellos, más de 400 mil vietnamitas cayeron víctimas de las armas químicas usadas por Estados Unidos, que además han ocasionado el nacimiento de más de 500 mil niños con deformidades y alteraciones genéticas, debido al uso criminal y genocida del mortal Agente Naranja, además de otros pesticidas y químicos contaminantes, y de bombas incendiarias a base de gasolina gelatinosa (Napalm). Durante los casi 20 años que duró la Guerra de Vietnam, Estados Unidos lanzó más de 75 millones de toneladas de Agente Naranja en Vietnam del Sur y Vietnam del Norte, contaminando sus selvas, sus suelos, sus ríos y su aire, y aniquilando sistemáticamente a millones de seres humanos, no solo soldados, sino también niños, mujeres, ancianos y civiles en general. Fueron también más de 8 millones de toneladas de Napalm y diversos explosivos con las que Estados Unidos bombardeó cada poblado, ciudad y trozo de selva vietnamita para "cazar" a los comunistas. Las consecuencias de tremendas cantidades de pesticidas y, armas químicas e incendiarias son irreversibles, tanto así que hasta el día de hoy siguen naciendo niños y niñas con deformaciones congénitas, mutilados, ciegos, atrofias cerebrales y enfermedades respiratorias y de todo tipo; el panorama genético de la población vietnamita es crudamente atroz e inimaginable.


40 años han pasado desde entonces, cuando el 30 de abril de 1975 los soldados estadounidenses y demás personal político de Estados Unidos salieron huyendo de Saigón, en Vietnam del Sur, como ratas que abandonan el barco que se les hunde. Saigón era la capital de la República de Vietnam, conocida como Vietnam del Sur, bajo el control estadounidense y de las dictaduras militaristas impuestas por Washington que allí literalmente reinaban. Pero aquel día Saigón se vistió de rojo, y en medio de las llamas y la conmoción, los estadounidenses allí enquistados huyeron como pudieron; en helicópteros que cayeron a tierra por la desesperación de sus torpes pilotos, en autos lujosos que fungían de carruajes coloniales en medio de la muchedumbre empobrecida mientras los feroces tanques norvietnamitas entraban en la ciudad y sus principales plazas y palacios acompañados de los guerrilleros survietnamitas del Viet Cong. Era el fin de una guerra cruel, sangrienta y despiadada que el imperialismo estadounidense había desplegado en Indochina para hacerle frente al avance comunista de la Unión Soviética y de la República Popular China.


Ciertamente, si bien la Guerra de Vietnam se inició en noviembre de 1955, la nación vietnamita ya venía desangrándose de manera inimaginable desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial, de manera que el estados de guerra para los vietnamitas fue continuo hasta el fin de la Guerra de Vietnam con la caída de Saigón en 1975.


A finales del siglo XIX, en 1887, aprovechando la guerra civil entre las dinastías que se disputaban el control del Imperio de Vietnam, la Tercera República Francesa invadió Vietnam, convirtió a la monarquía en su testaferro, estableció un sistema colonial que dividió a Vietnam en tres regiones: Annam, Tonkín y Cochinchina; y pronto se expandió hacia Camboya y Laos, tomando control sobre todo lo que hasta hoy es conocido como la región de Indochina, y terminó por convertir a sus pueblos en esclavos productores de tabaco, té, café e índigo. Así se forman los primeros grupos y guerrillas independentistas, que luego lucharían, a partir de setiembre de 1940, contra la invasión del Imperio de Japón en la Indochina francesa en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Ya entonces los independentistas vietnamitas empezaron a aplicar la táctica que la Guerra de Guerrillas bajo el mando de Hồ Chí Minh, entonces líder de la organización nacionalista comunista Việt Minh (Liga para la Independencia de Vietnam), a la cual los aliados le prestaron ayuda militar para combatir a los japoneses. 


De esa manera, cuando Japón capitula en agosto de 1945, y se retira en setiembre de ese año de la Indochina francesa, esta le es devuelta a Francia por los aliados, no sin que antes Hồ Chí Minh declarase ese mismo mes en Hanói la independencia de la República Democrática de Vietnam. Ni Francia ni el Reino Unido ni Estados Unidos reconocieron la independencia de la República Democrática de Vietnam por su corte comunista, temiendo que la nueva nación, liderada por los comunistas, pudiera volverse un Estado satélite de la Unión Soviética y/o de los comunistas chinos que empezaban a ganar la Guerra Civil China contra los nacionalistas chinos. La situación empeoró cuando los británicos invadieron el sur del país y los nacionalistas chinos el norte, quedándose la nueva nación con un poder meramente simbólico. Entonces, Francia acepta una alianza momentánea con la República Democrática de Vietnam para hacerle frente a los nacionalistas chinos, y tras expulsarlos, la corta alianza entre los franceses y los nacionalistas vietnamitas se rompe, dando inicio a la Guerra de Indochina (1946 - 1954), en la cual los vietnamitas se aliarían con los nacionalistas comunistas de Camboya y Laos, recibiendo ayuda de la Unión Soviética y de los comunistas chinos que tras derrotar a los nacionalistas chinos y establecer la República Popular China empezarían a enviar armamento pesado a los vietnamitas, lo cual les permitió ganarle la guerra a los franceses. 


El fin de la Guerra de Indochina trajo consigo la independencia del Reino de Camboya, del Reino de Laos y de la República Democrática de Vietnam al norte, pues al sur Francia había establecido en 1949 el Estado de Vietnam al restaurar la monarquía vietnamita en Saigón como un Gobierno títere de sus intereses imperialistas. Y aunque la guerra había concluido con la Conferencia de Ginebra que reconoció la independencia al norte de la República Democrática de Vietnam (Vietnam del Norte) y del Estado de Vietnam (Vietnam del Sur) a partir del Paralelo 17 y que estipulaba que en 1955 los dos Estados vietnamitas debían celebrar un referéndum para decidir su reunificación o no a partir de 1958, la paz nunca llegaría, pues Estados Unidos se opuso rotundamente a las elecciones democráticas en vista de un inminente triunfo de los comunistas norvietnamitas y el establecimiento de un Estado vietnamita reunificado comunista, por lo cual patrocinó y financió la disolución del Estado de Vietnam, al sur, y el establecimiento en su lugar de la República de Vietnam (conocida como Vietnam del Sur). A partir de ese momento, Estados Unidos empezaría a tensar la ya grave situación al instaurar en Vietnam del Sur un régimen dictatorial y totalitario, de corte anticomunista y procatólico (por tanto antibudista), lo cual exacerbó el conflicto político volviéndolo también cultural y religioso, a lo que se sumó también el envío de tropas y armamento estacionario a Vietnam del Sur para garantizar su independencia de Vietnam del Norte. Mientras tanto la Unión Soviética le dio su apoyo político a Vietnam del Norte mientras que la República Popular China le daba armamento. Daba inicio así la Guerra Fría.


La Guerra de Vietnam se desataría entonces en noviembre de ese mismo año (1955), cuando el conflicto entre Vietnam del Norte y Vietnam del Sur se tornara abiertamente bélico. Los enfrentamiento entre ambas naciones se harían cada vez más frecuentes, mientras que la China continental seguía enviándole más armamento a Vietnam del Norte y Estados Unidos enviaba más tropas a Vietnam del Sur para frenar el "avance comunista". Para Estados Unidos era intolerable que Vietnam del Norte recibiera el apoyo de la URSS y de la RPC; sin embargo, le parecía muy natural y sano que Vietnam del Sur recibiera su apoyo, e incluso que sus tropas se estacionaran allí mismo e implantaran una colonia de facto, con un gobierno survietnamita títere y con sus misiles apuntando hacia la Vietnam del Norte, la URSS y la RPC. Mientras tanto, el Vietnam del Sur, los opositores comunistas al régimen dictatorial y totalitario patrocinado por Washington se conformaron en el Frente de Nacional de Liberación de Vietnam, más conocido como Viet Cong, grupo armado que implantaría la Guerra de Guerrillas nuevamente.


La escalada bélica sería cada vez más sistemática y sangrienta, hasta que en agosto de 1964 el Presidente estadounidense Lyndon B. Johnson encontrara la excusa perfecta para intervenir en Vietnam del Sur con plena libertad y todos los poderes que el Congreso le confirió tras el Incidente del Golfo de Tonkín. El plan fue simple: Estados Unidos inventó y fingió el hundimiento de dos de sus destructores (el US Maddox y el US Turner Joy) por parte de Vietnam del Norte, a quien le atribuyó la agresión. Los destructores, que navegaban en aguas reclamadas por Vietnam del Norte, sabemos que en realidad nunca estuvieron allí, que jamás se produjeron aquellos dos ataques y que, en realidad, esa fue solo una excusa para justificar una intervención militar en Vietnam del Sur que le permitiera a Estados Unidos poder invadir Vietnam del Norte en un escenario de plena guerra abierta, aunque nunca fuera declarada. Y lo sabemos porque la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA, por sus siglas en inglés) descalificó en 2005 los documentos oficiales que así lo certifican.


En su momento más álgido, en territorio vietnamita hubieron más de 500 mil soldados estadounidenses apoyados por más de un millón de soldados survietnamitas, además de otros miles de fuerzas combinadas de Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda, Tailandia y Filipinas; todos, haciéndole frente a poco más de un millón de soldados norviertamitas apoyados por no más de 500 mil guerrilleros survietnamitas del Viet Cong. Vietnam del Norte recibiría además el apoyo de algunos miles de voluntarios provenientes de la República Popular China, del Reino de Camboya, del Reino de Laos y de la República Popular Democrática de Corea. Pero ni tal cantidad de soldados estadounidenses, con sus avances tecnológicos y sus poderío armamentístico pudo hacerle frente a Vietnam del Norte, que en 1975 logró expulsar de la región y de Vietnam del Sur a las fuerzas estadounidenses, y a sus aliados, poniéndole fin a más de medio siglo de colonialismo y sangrientas guerras que habían sometido al pueblo vietnamita a ser solo una pieza de los intereses occidentales e imperialistas. 


Así, tras la toma de Saigón por las fuerzas norvietnamitas, Vietnam del Norte instaló un Gobierno Provisional en Vietnam del Sur, y finalmente en 1976 ambas naciones se reunificaron tras más de 30 años de separación impuesta, surgiendo de esa unión la actual República Socialista de Vietnam.



Jueves 30 de abril de 2015
(Fotografías, de arriba a abajo, por: Nick Ut (jun, 1972), AP (abr. 1975), AFP (abr. 1975),  Kingsacademy.com, archivo Internet, AFP, AP, archivo Internet, Rick Merron (oct. 1965) y archivo Internet)
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viernes, 24 de abril de 2015

El Genocidio Armenio: El exterminio olvidado

Exactamente hace cien años, el 24 de abril de 1915, el gobierno del Imperio Otomano ordenó la expulsión de más de 200 armenios de Estambul, por entonces la capital imperial, número que en los días siguientes llegó a duplicarse y luego a triplicarse. Así se inició lo que en los siguientes años se convirtió en la mayor masacre de principios del siglo XX, lo que hoy conocemos como el Genocidio Armenio, el primer genocidio de nuestra era.


Desde el 24 de abril de 1915 hasta 1923 aproximadamente, el Gobierno otomano, bajo el poder del partido de los Jóvenes Turcos, que en 1909 había hecho abdicar al sultán Abdul Hamid II en favor de su hermano Mehmed V, implementó un programa premeditado y sistemático de discriminación racial, expulsión y exterminio de la población armenia que radicaba en el imperio.


Obligados a abandonar sus hogares, fueron deportados hacia lo que hoy es Deir ez-Zor (en Siria) y Arabia Saudita. Antes fueron aniquilados en sus pueblos; unos decapitados, otros fusilados, la mayoría humillados, y muchas violadas. Tuvieron que cruzar el desierto y salir del territorio imperial. Fueron "escoltados" en el camino por el ejército y la policía imperial, aunque en realidad los aterrorizaron y fueron exterminando. En el camino las mujeres fueron violadas, las niñas vendidas como esclavas, y muchos otros niños tirados al río Éufrates para que muriesen ahogados. Pero en el camino también fueron víctimas del pandillaje de bandas de delincuentes que los asesinaron, raptaron y esclavizaron. La mayoría murió en el camino, fruto del hambre y el abuso policial. Sus cadáveres quedaron regados por el camino, y otros tantos echados a las mismas fosas comunes. Murieron aproximadamente 2 millones de personas. Fueron aniquilados armenios principalmente, aunque el programa de exterminio racial también cobró la vida de miles de griegos pónticos, serbios y asirios (los mismos, estos últimos, que actualmente están siendo aniquilados por el Estado Islámico en Irak, también por su cultura y religión).


Pero la historia no empieza en 1915. Ya antes, desde finales del siglo XIX, el propio sultán Abdul Hamid II ya era bastante conocido por sus sangrientas prácticas contra el pueblo armenio. La historia se remonta a la Guerra Ruso-Turca de 1877 a 1878 que enfrentó al Imperio Otomano y al Imperio Ruso (en alianza con el Principado de Montenegro, el Principado de Serbia y el Principado de Rumanía), en la cual venció el Imperio Ruso. La derrota del Imperio Otomano en la guerra trajo como consecuencia la firma del Tratado de San Stefano (marzo de 1878), en la cual los otomanos se comprometían, entre otras cosas, a reconocer la independencia de Montenegro, Serbia, Rumanía y Bulgaria. Así, el Imperio Otomano empezaría a desmoronarse por la cada vez más creciente inestabilidad política e interétnica de los distintos movimientos nacionalistas, entre ellos, el nacionalismo armenio, mellado durante la Guerra Ruso-Turca de 1828 a 1829, en la cual el Imperio Otomano y el Imperio Ruso se repartieron el territorio armenio.


Así, temiendo perder en el este su frontera con el Imperio Ruso y que la creación de un Estado armenio pudiera incentivar más los nacionalismos en el imperio y poner en peligro su integridad territorial, el Imperio Otomano inició una política de discriminación racial fundamentada en la ley islámica (Sharia) que reconocía y "toleraba" a los armenios como ciudadanos de segunda clase, y los inferiorizaba ante la ley y la sociedad por su religión cristiana, y a través de ella, implementó una serie de medidas raciales, de exclusión y de represión también.


Fueron más de 2 millones de armenios aproximadamente los que murieron entre los años 1915 y 1923, aunque si se tiene en cuenta que los armenios empezaron a ser exterminados desde más o menos 1878, algunos historiadores y entendidos estiman el número de armenios muertos en más de 3 ó 4 millones de personas, entre hombres, mujeres, niños y ancianos.


El actual Gobierno turco, heredero del Imperio Otomano, niega el genocidio, y no lo reconoce ante ninguna corte internacional. En Turquía, pues, está prohibido hablar del Genocidio Armenio. Y, claro, como en Estados Unidos la población armenia no es tan numerosa y en Hollywood casi nula a diferencia de los judíos, el Genocidio Armenio nunca ha sido tan mediático como el Holocausto. Y por tanto, en Occidente tampoco. Lamentablemente, aunque algunos nunca olvidemos, este mundo está tristemente mediatizado. Qué lamentable.





Viernes 24 de abril de 2015
(Todas las fotografías de archivo extraídas de Internet)
(Video de entrevista realizada por The International Raoul Wellenberg Foundation - IRWF (2013))
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viernes, 10 de abril de 2015

La catástrofe de Yarmouk


A 8 kilómetros del centro de Damasco, capital de la República Árabe Siria, se encuentra el distrito de Yarmouk, donde se refugian miles de palestinos que desde hace décadas vienen escapando del terror judío en Gaza, los Altos del Golán y Cisjordania. Cuando se fundó en la década de los cincuenta del siglo XX, solo era un multitudinario campo de refugiados, y con las décadas se ha convertido en un distrito periférico de la capital siria completamente hacinado, dependiente de la ayuda humanitaria internacional frente a la incapacidad total del Gobierno sirio, y a su desinterés, para afrontar la situación de los palestinos allí presentes. 


Ahora, en Yarmouk ya solo quedan unos 18 mil refugiados palestinos, entre ellos aproximadamente unos 3,500 niños. Y es que la crisis se ha agravado. Cuando la Guerra Civil Siria se inició en 2012 entre el gobierno genocida de Bashar al-Assad y los rebeldes sirios, atomizados en distintos frentes de lucha, Yarmouk sufrió los embates de la guerra al ser uno de los tantos focos de los enfrentamientos armados entre el Ejército Sirio Libre (ESL) y el Frente Popular para la Liberación de Palestina-Comando General (FPLP-CG), aliado este último al Gobierno sirio.


Desde entonces las condiciones de vida en Yarmouk, que ya de por sí eran difíciles, han empeorado dramáticamente, pues en setiembre de 2014 el suministro de agua se interrumpió tras ser destruido, mientras que el Gobierno sirio ha convertido al distrito prácticamente en un gueto interrumpiendo el suministro eléctrico y las vías de acceso al área debido a los enfrentamientos armados, por lo cual la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA, por sus siglas en inglés), de la cual depende el 95% de la población palestina de Yarmouk, ya no puede seguir ingresando para ayudar con los suministros alimenticios y sanitarios a los civiles.


Sin embargo, la situación se ha empeorado a niveles catastróficos desde finales del mes pasado (marzo de 2015), cuando el Estado Islámico (antes llamado Estado Islámico de Irak y el Levante) logró entrar a los barrios periféricos de Damasco, principalmente a Yarmouk, ayudado por el Frente al-Nusra, afiliado a la red de al-Qaeda, fecha desde la cual los enfrentamientos armados se han encrudecido. Y mientras el Estados Islámico y el Frente al-Nusra toman Yarmouk calle por calle, les hacen frente los grupos armados rebeldes Aknaf Bait al-Maqdis (aliado de Hamas en la Franja de Gaza) y Yeish al-Islam (afiliado al Frente Islámico Sirio), quienes solos no pueden hacerles frente a los invasores. Mientras tanto, el Gobierno sirio, en vez de ayudar a expulsar a los invasores ultra radicales, solo se limita a bombardear indiscriminadamente el distrito con demencial barbarie. Y claro, no solo mueren los combatientes de los grupos de ambos bandos, sino que también los civiles, quienes simplemente no pueden huir de Yarmouk por el fuego cruzado y el bloqueo militar de las fuerzas gubernamentales sirias. Realmente un verdadero infierno.


La comunidad internacional no dice mucho al respecto. Ban Ki-moon, Secretario General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), como siempre, solo "desea" que todo se resuelva pacíficamente (uy, sí, qué fácil, ¿no?), como si a través de la ONU hiciera gran trabajo por destruir al Estado Islámico. Y claro, Estados Unidos, el gran causante de esta situación que está destrozando al Mundo Árabe desde los últimos años se limita a guardar silencio en lo que respecta a Yarmouk y los refugiados palestinos, porque en el fondo esta guerra la ocasionó el Gobierno estadounidense cuando se metió a Irak para usurpar su petróleo y radicalizó en extremo a las masas islamistas ya radicales, y desmanteló al Gobierno iraquí y a sus fuerzas armadas; y cuando dejó el país en 2011 fue muy fácil para los yihadistas tomar posesión de las ciudades, bases militares y centros petroleros sin autoridad ni presencia gubernamental, y hacerse con el armamento existente y los recursos económicos que les ha ayudado a financiarse y tomar el control de gran parte del territorio iraquí y sirio, y aniquilar sistemáticamente a la población civil sin ningún tipo de discriminación, y con ello ganar el apoyo de otros grupos yihadistas y radicales más pequeños y fomentar la creación de nuevos grupos yihadistas ultra radicales en todo el Mundo Musulmán, desde el norte de África hasta la Indochina en Asia. Estados Unidos carga consigo, pues, la responsabilidad total de esta tragedia humanitaria en el Mundo Musulmán. 


Y el gran beneficiario de todo este conflicto es Israel, pues mientras los países musulmanes empiezan a caer en debacle por las guerras civiles y el terror del Estados Islámico, Israel saca jugo del debilitamiento, salvo Irán, de sus mayores enemigos en la región (Irak, Siria, Egipto, Líbano y los propios palestinos), con la seguridad de que la comunidad internacional sí acudirá en su auxilio inmediato si es que el Estado Islámico amenazara siquiera con invadir sus territorios. Qué gran negocio es la guerra; qué triste.



Viernes 10 de abril de 2015
(Fotografías, de arriba a abajo, por: UNRWA (mar. 2014, abr. 2015), LCC para el blog The Arab Chronicle (ene. 2014), UNRWA (ene. 2014), Anwar Amro vía Gretty Images (ene. 2014), Anwar Amro para AFP (set. 2013) y Ward al-Keswani para Reuters (jul. 2014)) 
(Video de Samah Salaime para Arab Women in the Center - AWC (2015))
GianGian Producciones

jueves, 5 de diciembre de 2013

NELSON MANDELA HA FALLECIDO

 
Hoy, jueves 5 de diciembre de 2013, ha muerto uno de los pilares ideológicos y de acción de la Libertad, de la Igualdad y de la Democracia; uno de los seres humanos más grandes de nuestra civilización. Nelson Rolihlahla Mandela, más conocido como Madiba en la República de Sudáfrica, su país, ha fallecido a los 95 años de edad tras luchar por varios meses contra una enfermedad pulmonar.
 
 
Mandela nació en julio de 1918 como miembro de la aristocracia del pueblo Madiba de la etnia xhosa, estudió leyes y poco después entró a formar parte del partico Congreso Nacional Africano (CNA), llegando a ser en 1955 uno de los 3 mil delegados firmantes de la declaración en Kliptown de la Carta de Libertad. También fue miembro de las juventudes Umkhonto we Sizwe del CNA, agrupación clandestina armada que en 1960 él y Yossel Mashel Slovo (del Partido Comunista Sudafricano) forman tras las masacres de Shaperville en marzo de ese año contra la población negra. Eran los tiempos del Apartheid, sistema político segregacionista y racial que las élites blancas bóeres (o afrikáneres) crearon en 1948 para legitimar su régimen racista, privilegiado, explotador y opresor.
 

Los bóeres, descendientes europeos de raíces neerlandesas, francogermanas e inglesas, y minoría étnica en Sudáfrica, se hicieron con el poder de la nación desde las primigenias repúblicas bóeres en Natal y Transvaal hasta la llegada de la Unión Sudafricana que decantó posteriormente, en 1961, en la formación de la República de Sudáfrica como consecuencia de su salida de la británica Mancomunidad de Naciones. Mandela, que ya por esos años se dedicaba al activismo político a través de la desobediencia civil y del sabotaje a través de atentados contra puntos estratégicos de la industria gubernamental, y a pesar de ser uno de los máximos líderes del CNA y de la resistencia anti Apartheid en general, pertenecía a las masas negras obreras y empobrecidas que a parte de ser segregadas de la vida pública y política de su nación, también eran condenadas a la pobreza a través de las políticas económicas del régimen que los obligaba a trabajos esclavizantes y mal pagados.

 
Sudáfrica, por ese entonces y como en la actualidad, era una gran mina de oro, diamantes, cobre, carbón y uranio que le servía a Occidente, sobre todo a Estados Unidos y Gran Bretaña, como proveedor de minerales necesarios para el mantenimiento estable de la economía mundial, al menos la del eje capitalista occidental, pues eran los tiempos de la Guerra Fría.
El Apartheid era liderado por la derecha y la ultraderecha bóer sudafricana y contaba con el apoyo tácito y silencioso de las élites oligárquicas y ultraderechistas de Occidente (Estados Unidos, Gran Bretaña, etcétera) que en sus propios países mantenían también sus propios regímenes segregacionistas; mientras que la resistencia anti Apartheid liderada por organizaciones como el Congreso Nacional Africano y el Partido Comunista Sudafricano era apoyada por el eje izquierdista de la Internacional Socialista liderada por la Unión Soviética, Cuba y China. De allí que los bóeres mantuvieran su régimen racista en Sudáfrica hasta finales de la Guerra Fría, cuando la caída del Muro de Berlín y el desmembramiento de la URSS representaran el triunfo del Capitalismo neoliberal y dieran paso, así, a la caída del Apartheid en Sudáfrica al ya no representar este una necesidad para Occidente y su sistema económico.

 
Así, Mandela, tras ser arrestado en 1962 por sabotaje, terrorismo y por salir del país sin permiso, fue condenado a cadena perpetua. Había tenido que huir de Sudáfrica hacia Argelia para allí empezar a reformar el CNA hacia estrategias más duras y militaristas contra el régimen debido al recrudecimiento de la represión del Apartheid. Pero no duró mucho tiempo en libertad tras su regreso al país. El juicio contra él y la mayoría de los líderes del CNA y del PCSA que fueron progresivamente arrestados en las siguientes semanas a su arresto duró 8 meses. La Carta de Libertad fue totalmente prohibida, las matanzas clandestinas contra los líderes sindicales, obreros y comunales se incrementaron, la represión se volvió cada vez más sangrienta en los barrios negros de ciudades como Johannesburgo, Pretoria y Ciudad del Cabo, el régimen ya no sentía ninguna vergüenza por mostrar su adoración por el racismo y Mandela fue trasladado inmediatamente, junto a sus compañeros del CNA y del PCSA a la prisión de la Isla de Robben, a pocos kilómetros de las costas de la Ciudad del Cabo. Allí pasaría 18 de los 27 años que pasó en prisión hasta 1982, cuando fue transferido a la Prisión de Pollsmoor, en Ciudad del Cabo debido a la presión política y social, tanto nacional como extranjera. Luego sería trasladado, en 1988, a otra prisión, menos enclaustrada, debido a su tuberculosis como producto de las malas condiciones de encarcelamiento a las que fue sometido desde 1962.
Ya por esos años habían iniciado las conversaciones de paz entre él y el gobierno de Frederik de Klerke para evitar las sanciones políticas y económicas de la comunidad internacional y la violencia ciudadana como consecuencia del colapsado régimen. De ese modo, en febrero de 1990, Mandela fue puesto en libertad, dando inicio así al proceso de democratización que conllevaría a la caída del Apartheid en 1992 a través de un referéndum en el cual solo la población blanca bóer participó. La caída total de régimen era entonces inevitable. De Klerk se vio obligado por la creciente tensión política y social del país a concluir con las negociaciones de paz convocando a elecciones libres y universales en 1993 que llevarían a Mandela a la Presidencia en 1994 tras ser rotundamente elegido Presidente con más de 60% de los votos, asumiendo en mayo de ese mismo año.
 

Su gobierno representó no solamente el fin de un régimen de más de 100 años de dominio, opresión, segregación y cruel asesinato de las masas negras, sino la transformación de Sudáfrica hacia la democracia y la igualdad. Mandela se cuidó de buscar una verdadera reconciliación del país, y nombró a muchos de sus rivales y adversarios históricos como miembros de su Gobierno, llegando a crear una Comisión de la Verdad y Reconciliación. De ese modo, finalmente, en 1999 decide no volverse a postular, y se aparta de la vida pública.

Mandela fue, es y será, siempre, una muestra del valor humano, de la calidad y del honor, de la lucha y de la tolerancia, del perdón y de la reconciliación; en definitiva, será siempre Mandela. ¡Qué viva Mandela! ¡Hoy y siempre!


 
 
Jueves 5 de diciembre de 2013
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miércoles, 11 de septiembre de 2013

11 de setiembre de 2013: 40 años del fallecimiento de Salvador Allende Gossens y del Golpe de Estado en contra suya

No pocos, pero tampoco no muchos, saben que hoy, 11 de setiembre de 2013, se cumplen 40 años de la muerte del expresidente chileno Salvador Guillermo Allende Gossens, durante el Golpe de Estado que las Fuerzas Armadas, con Pinochet a la cabeza, y bajo el patrocinio de Estados Unidos, le perpetraron bombardeando el Palacio de la Moneda. Era, él, el primer marxista elegido democrática, libre y constitucionalmente Presidente de su país en 1970, y por tanto el primero en todo Occidente, como candidato por la alianza Unidad Popular, que la conformaban el Partido Socialista de Chile, el Partido Comunista de Chile, el Partido Radical de Chile, el Movimiento de Acción Popular y Unitario (MAPU), el Partido Socialdemocracia Chilena y la Acción Popular Independiente.


Allende había nacido en junio 26 de 1908, en la ciudad de Santiago, en una familia acomodada para luego convertirse en médico cirujano tras vivir durante varios años en la ciudad de Tacna, por ese entonces bajo jurisdicción chilena (hasta 1929, como fruto del Tratado de Lima, que la devuelve a manos peruanas).
Sin embargo, sería su relación de amistad con el zapatero anarquista Juan De Marchi, a quien conoció en su adolescencia, la que tendría en él una influencia fundamental e irremediable. De ese modo, Allende se convertiría en líder estudiantil y con el pasar de los años en un prominente político, llegando a participar tres veces en las elecciones de su país hasta ser elegido Presidente.
Fidel Castro Ruz ya era Primer Ministro de Cuba por ese entonces tras tomar el poder en 1959 tras el triunfo de la Revolución Cubana, y América Latina vivía la efervescencia de poder realizar el sueño latinoamericano de romper por fin con las cadenas del Imperialismo estadounidenses y europeo que por más de 500 años la venían subyugando y explotando. Y la llegada de Allende al poder mediante la vía democrática planteaba al latinoamericanismo y a las izquierdas latinoamericanas un nuevo campo de acción, lo cual era no solo un obstáculo para la hegemonía de Estados Unidos y Gran Bretaña en el continente, sino también un obstáculo para el expansionismo económico de las emergentes transnacionales apoyadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial en el marco del surgimiento de la nueva teoría económica llamada Neoliberalismo.


Como Presidente de Chile, Allende llevó a cabo reformas cruciales en el sector minero, así como una reforma constitucional acompañada de la unificación del Parlamento en una cámara única y la estatización de las áreas claves de la economía nacional. Pero su tarea más destacada, y ardua, fue la impulsión y aceleración de la reforma agraria chilena para combatir al feudo y la patronal, sistema agrario heredado de la colonia española y dominado, como en toda América Latina, por las pequeñas y grandes oligarquías nacionales.
Esto, sumado a la nacionalización del cobre chileno, que estaba en manos de las empresas estadounidenses Anaconda Copper Company y Kennecott Copper Corporation, generó que el gobierno de Allende sufriera de un constante y sistemático ataque y presión del gobierno estadounidense de Richard Nixon, con Henry Kissinger como Secretario de Estado. El Gobierno estadounidense procedió entonces a imponerle un embargo internacional al cobre chileno a causa del endeudamiento que la Anaconda Copper Company y la Kennecott Copper Corporation habían sufrido como consecuencia del cobro por parte del Gobierno chileno de sumas millonarias por concepto de “utilidades excesivas” en las cuales habían incurrido dichas empresas durante tantas décadas de explotación de dicho mineral y la constante evasión de impuestos.
 
El sistemático embargo estadounidense sobre el cobre chileno, y el aumento de los sueldos que el gobierno de Allende incentivó, provocó una crisis económica en Chile que poco a poco se fue haciendo sentir. Por ese entonces, a finales de 1971, el líder cubano Fidel Castro Ruz visitó Chile y cientos de mujeres, patrocinadas por la derecha chilena, salieron a las calles para protestar contra el gobierno de Allende con cacerolas y palos en las manos. Se iniciarían así los famosos “cacerolazos”, con los cuales la derecha chilena se encargaría de atacar a Allende en lo que le quedaría de gobierno.
 
Mientras tanto, el ambiente político del país se polarizó cada vez más. Por un lado, algunas agrupaciones izquierdistas y ultraizquierdistas, como el Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile (MIR – Chile) empezaban a intensificar su accionar reaccionario ante, según ellos, la pasividad del gobierno de Allende (punto de vista que el líder cubano Fidel Castro Ruz también compartía); mientras que por el otro lado las derechas y ultraderechas chilenas, como el grupo Patria y Libertad, además de partidos como Democracia Cristiana, acrecentaban su accionar violentista y saboteador, respectivamente, contra el gobierno. Los ultraderechistas empezaron a cometer actos terroristas en contra del Gobierno volando gaseoductos e instalaciones manufactureras del Estado. Y como era de esperarse, pues es el común denominador en Latinoamérica, la prensa opositora, financiada por la CIA bajo las órdenes de Washington, atacaba sin cesar a Allende y su gobierno. Diarios y periódicos como El Mercurio, La Prensa, La Tarde, La Tercera de la Hora, La Segunda y Las Últimas Noticias fueron solamente algunos de los que se encamaron con la CIA y la derecha chilena en contra de Allende. La consigna era solo una, y era unánime: Sabotear al Gobierno democrático de Salvador Allende para impedir una escalada democrática de la izquierda latinoamericana en la política regional que pueda servir de ejemplo a las izquierdas europeas, como la italiana y francesa, y, en sí, a las izquiersas en general a nivel mundial.
Para Washington era una necesidad estratégica y hegemónica desaparecer al régimen democrático de Allende. Y al respecto Kissinger manifestó: "No veo por qué tenemos que esperar y permitir que un país se vuelva comunista debido a la irresponsabilidad de su proprio pueblo. Los temas son demasiado importantes para los votantes chilenos como para que decidan por sí mismos".

 
Por entonces, Allende ya era un abierto opositor al preneoliberalismo que empezaba a gestarse a través del surgimiento de las transnacionales alrededor del mundo, llegando a hacer escuchar su reclamo en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1972.



Y así, los paros, las manifestaciones, los atentados y hasta los agravios en contra suya serían el pan de cada uno de sus días en el sillón presidencial desde entonces, todo bien tramado entre la derecha chilena y la CIA estadounidense, siempre con el apoyo incondicional de la prensa chilena. La Iglesia Católica, por su parte, hacía lo posible por sabotear al Gobierno, siempre a su ya acostumbrada manera silenciosa de actuar en asuntos políticos.
La crisis y la inestabilidad política y constitucional, acrecentada por las manifestaciones y la férrea oposición de la derecha, así como los embargos estadounidenses, llevaron al país al caos político.
Todo se iba gestando para un posible Golpe de Estado, como Allende ya lo preveía desde principios de 1973. La situación, pronto, devino en una intención, por parte de Allende, de convocar a un plebiscito para evitar un empeoramiento de la grave situación del país, habiendo Allende perdido el apoyo de casi la totalidad de los partidos que desde el principio y con el tiempo llegaron a conformar la Unidad Popular. Solo el MAPU Obrero y Campesino (escisión del MAPU), el Partido Radical de Chile y el Partido Comunista de Chile siguieron apoyando a Allende. Los demás lo abandonaron ante la negativa de apoyar el plebiscito que Allende intentaría realizar para encontrarle una solución a la inestabilidad política y social del país.
 


Sin embargo, los macabros planes de las Fuerzas Armadas chilenas ya se estaban gestando desde hacía meses, y todo con el apoyo logístico y económico de la CIA y el gobierno estadounidense.
Así, y ya con el general Augusto Pinochet Ugarte a la cabeza, quien tan solo días antes había sido nombrado Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de Chile por el propio Salvador Allende, las Fuerzas Armadas, en la madrugada del 11 de setiembre de 1973, dan inicio al Golpe de Estado contra el gobierno de Allende tomando posiciones de combate en la ciudad de Valparaíso mientras que Estados Unidos y la CIA estadounidense movilizaban fragatas, buques y submarinos hacia las costas de la ciudad, como el USS Jesse L. Brown, el destructor USS Velose y el submarino USS Trumpetfish, respectivamente. Allende, escoltado por su Grupo de Amigos Personales (GAP), entra al Palacio de la Moneda a eso de las 7:20 de la mañana. Él estaba armado con el fusil AK-47 que Fidel Castro Ruz le había regalado durante su visita a Chile, y los miembros del GAP con 2 ametralladoras y 3 lanzagranadas, respectivamente.


 
Mientras tanto, Pinochet y los suyos tomaron el control de las telecomunicaciones y le dan un ultimátum a Allende para que se rinda antes de las 11:00 de la mañana, o la casa presidencial sería atacada por tierra y aire. 
Sin embargo, Allende no se rendiría. Carabineros le quitó su apoyo abandonando sus puestos de seguridad en las inslaciones de la Moneda. Los tanques del general Palacios se apostaron en los perímetros de la Moneda a las 9:55 de la mañana aproximadamente. Y a las 10:15 Allende daría sus últimas palabras en Radio Magallanes, la única emisora radial fiel a él y que no había caído en manos de las Fuerzas Armadas, aún. Minutos después, a las 10:30 de la mañana, los tanques abrieron fuego contra la Moneda, mientras que unos minutos después los aviones de la Fuerza Aérea chilena la bombardeaban con misiles.


Allende ordena escapar a los miembros del GAP, quienes lo protegían. La balacera era intensa, el Palacio de la Moneda era destrozado por las Fuerzas Armadas, y Allende, apostado en el Salón Independencia, decide pagar con su vida la lealtad del pueblo suicidándose minutos después al pegarse dos tiros consecutivos con el fusil AK-47 con el cual había entrado al palacio presidencial.


Poco después la noticia fue comunicada a las Fuerzas Armadas, y el fuego cesó. El general Palacios entró en el Salón Independencia para confirmar el fallecimiento del Presidente, de lo cual informó lo siguiente: “Misión cumplida. Moneda tomada. Presidente muerto”.

De ese modo, el primer gobierno marxista democráticamente elegido en Occidente fue literalmente saboteado, bombardeado y finalmente destrozado por las Fuerzas Armadas chilenas. Con el apoyo de la derecha chilena. Con el apoyo de la prensa chilena. Con el apoyo militar y económico del gobierno de los Estados Unidos, y de la CIA estadounidense. Con el apoyo, y el silencio, de la Iglesia Católica. Con el apoyo de los expresidentes chilenos Gabriel González Videla, Jorge Alessandri Rodríguez y Eduardo Frei Montalva, los dos primeros, activos colaboradores de la dictadura de Pinochet que sucedió al Golpe de Estado.

De ese modo, 16 años y medio serían los que le costarían a Chile en muertos, sangre y persecución política, racial y social durante la dictadura que el Gobierno Militar impondría con Pinochet a la cabeza, y con el apoyo y el silencio de la derecha chilena, la prensa chilena, las Fuerzas Armadas chilenas, el Poder Judicial chileno, las oligarquías chilenas, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), los consecutivos gobiernos de Estados Unidos, la CIA estadounidense, el Reino Unido de Gran Bretaña (sobre todo durante el régimen de Margaret Tatcher) y la Iglesia Católica y el Estado de la Ciudad del Vaticano con el Papa Juan Pablo II a la cabeza, quien en 1987 repartió amenas conversaciones, sonrisas y "bendiciones" con Pinochet desde uno de los valcones del Palacio de la Moneda que el dictador había bombardeado en 1973; pero todo eso al señor pontífice ni le importó, porque ambos se hicieron grandes amigos, y cuando en 1998 el exdictador, por entonces todo un prontuariado genocida con amplia experiencia, fue arrestado en Londres, el pontífice lo defendió alegando "razones humanitarias". Así fue su régimen. Y esos fueron sus amigotes, los más grandes enemigos del socialismo y del pueblo, y por tanto enemigos jurados de Salvador Allende.

 
En total, 16 años y medio de terror como producto del experimento económico que allí el FMI, el Banco Mundial, el Reino Unido y Estados Unidos llevaron a cabo para poner a prueba al Neoliberalismo, esa filosofía económica que hoy en día nos domina a nosotros, los seres humanos, y que fue iniciada en Chile durante la dictadura de Pinochet. Armamentismo crónico y sistemático. Tráfico de armas (bombas de racimo, internacionalmente prohibidas) hacia Irak y Croacia en toneladas. Fabricación de armas químicas. Internacionalización del Neoliberalismo y del Plan Cóndor alrededor del mundo y en toda América Latina, respectivamente. Asilo para exnazis. Construcción y operación de campos de concentración para los presos políticos. Tráfico de cocaína. Corrupción millonaria en familiares cuentas bancarias cifradas en el extranjero. Más de 5 millones de pobres. Más de 3 mil asesinados y desaparecidos. Más de 28 mil víctimas de prisión política y tortura. Ultraderechismo populista. Abierto fascismo. Violación a los Derechos Humanos. Vergüenza nacional. Vergüenza regional. Vergüenza mundial.
 

 
 
Miércoles 11 de setiembre de 2013
GianGian Producciones

miércoles, 28 de agosto de 2013

Diez años del Informe Final de la CVR

Hoy se cumplen diez años desde que la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) del Perú emitiera su Informe Final sobre lo que fue el conflicto interno nacional entre las Fuerzas Armadas del Estado (de los gobiernos de Fernando Belaúnde Terry, Alan García Pérez y Alberto Fujimori Fujimori) y los grupos armados terroristas Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso (PCP - SL) y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaro (MRTA).
 
 
Diez años han pasado, y poco, o nada, han hecho los gobiernos que se han sucedido desde el 28 de agosto de 2003 para llevar a cabo las recomendaciones que la CVR emitió en su Informe Final, ya que la derecha, aliada con la Iglesia Católica, con algunos grupos evangélicos y con el fujiaprismo corrupto y genocida, ha sabido muy bien cómo aprovecharse de los crasos errores del Informe Final de la CVR para deslegitimar, tanto el Informe Final como a la propia CVR.
 
 
Algunos, como el señor Juan Luis Cipriani Thorne, Cardenal de la Iglesia Católica en el Perú, piensan que "los Derechos Humanos son una cojudez", nefasta declaración que ese puerco y sádico católico diera cuando aún era obispo auxiliar de Ayacucho (la ciudad peruana más devastada por el conflicto armado interno). Para otros, los Derechos Humanos son invenciones de la izquierda internacional aglomerada en las ONGs "antisistema". Otros, poco menos radicales, sostienen que lo que acá pasó durante el conflicto armado interno fue todo culpa del terrorismo salvaje y genocida. Mientras que otros, totalmente negacionistas, como los fujimoristas, sostienen que acá no hubo ningún conflicto armado interno, sino un accionar meramente terrorista en contra del Estado peruano. Pero lo que acá hubo fue, en realidad, un accionar terrorista acrecentado por el terrorismo de Estado que los gobierno de Fernando Belaúnde Terry, Alan García Pérez y Alberto Fujimori Fujimori implementaron de forma sistemática en todo el territorio nacional.
 
Pero a todo esto, "caviares", les gritan hoy en día a los excomisionados de la CVR, y a sus defensores, los derechistoides amantes del fujimorismo, amigotes del aprismo y defensores de los militares asesinos. Desfilan entre aquellos los mismos fujimoristas y apristas como también algunos disque "líderes de opinión" como Aldo Mariátegui Bosse, Jaime De Althaus Guarderas, Nicolás Lúcar de la Portilla y Mónica Delta Parodi (estos dos últimos antiguos títeres televisivos del amarillista, populista, genocida y monstruoso régimen fujimorista durante la década de 1990). Se adjudican la verdad, y despotrican de la CVR porque en su Informe Final registraron para la posteridad lo que desde siempre debió de ser innegable: Que las Fuerzas Armadas del Estado peruano, conjuntamente con los cuerpos policiales, los ronderos y paramilitares del Estado peruano, durante las dos décadas que duró el conflicto armado interno, aniquilaron a la población civil como si de cucarachas se tratara. Poblados enteros, familias completas, árboles genealógicos extinguidos de la noche a la mañana por las fuerzas que, según la Constitución, debieron de protegernos, a nosotros, los ciudadanos, de las huestes terroristas y sanguinarias de Sendero Luminoso, aquel grupete de polpotistas-maoístas que a punta de sangre y masacre arrasaron con la población civil a la que, supuestamente, iban a salvar y liberar del yugo imperialista del poder capitalista empoderado en la capital del país gracias al centralismo colonial de los oligarcas y terratenientes de saco y sombrero de copa que parasitaban en el Parlamente Nacional de la República. Pero en ninguno de los dos casos fue así. Ambos bandos, el estatal y el terrorista, arrasaron con la población civil, masacrándola, asesinándola, desplazándola, secuestrándola, en fin, exterminándola.
 
 
 Le critican al Informe Final de la CVR, pues, que la inflada cifra de 69,280 víctimas, entre muertos y desaparecidos, es falso, porque el método estadístico que se usó para contabilizar a las víctimas se usa, en realidad, para contabilizar pájaros, cardúmenes y animales silvestres, y que incluso el método estadístico fue forzado por trucos estadísticos para no dejar mal a los agentes del Estado, porque como reconoce el propio David Sulmont (uno de los excomisionados de la CVR), "si no hacíamos la estimación final y solo dábamos cuenta de los 24,692 casos, los agentes del Estados hubieran aparecido como principales responsables".
En efecto, según pudo registrar la CVR a través de su investigación, además de la lista de víctimas confeccionada por las ONGs de Derechos Humanos y la Defensoría del Pueblo, se registraron 24,692 víctimas documentadas, con nombre y apellido, entre muertos y desaparecidos, desde 1980 hasta el año 2000. Sin embargo, prácticamente la mitad de dichas víctimas habían sido causadas por el accionar de las fuerzas del Estado peruano, mientras que poco más de la mitad de las víctimas habían sido causa del accionar terrorista. Las cifras, y la documentación, le adjudicaban a las fuerzas estatales (militares, policías, ronderos y paramilitares) la truculenta cantidad de 11,564 víctimas, mientras que 9,243 víctimas a Sendero Luminoso y 3,885 víctimas a otros grupos armados (el MRTA y otros no determinados). Lo que se buscó, entonces, y según lo admiten Sulmont, Carlos Tapia, entre otros excomisionados de la CVR, fue hacer lo posible por evitar dejar a las fuerzas del Estado más mal de lo que ya estaban.
 
 
No obstante, la cifra, sea de 96,280 ó de 24,692 víctimas, es y seguirá siendo una completa y triste irrealidad, pues la CVR, tal como lo reconocen sus excomisionados, nunca pudo llegar al VRAEM (Valle del Río Apurímac, Ene y Mantaro) ni a muchas otras localidades, zonas y regiones del territorio nacional, sobre todo de la selva peruana, dadas las circunstancias y el tiempo que tuvieron para realizar las investigaciones de documentación. Es así que al día de hoy, la triste realidad es que nadie, a ciencia cierta, puede afirmar ni dar siquiera una cifra aproximada de cuántos ciudadanos peruanos murieron en la selva peruana víctimas del conflicto armado interno. Eso, probablemente, va a ser siempre un oscuro y escalofriante misterio en la ya turbia y sangrienta historia del Perú.
 
 
Lo cierto aquí, a diez años del Informe Final de la CVR, sean o no 96,280 las víctimas del conflicto armado interno del Perú, o solamente 24,692 las víctimas, es que murieron personas a manos del terrorismo (Sendero Luminoso, MRTA y otros) y también a manos del Estado (Fuerzas Armadas, Policía Nacional, cuerpo de ronderos y los grupos paramilitares que operaron, respectivamente y a conocerse, durante los gobiernos de Alan García Pérez y Alberto Fujimori Fujimori, como el Grupo Scorpio, el Batallón Patriota, el Comando Rodrigo Franco, el Grupo Colina y tantos otros aún por descubrir).
Y no importa si aquellas 24,692 víctimas fueron de izquierda o derecha, si tuvieron o no partido o ideología. Porque son seres humanos, civiles y ciudadanos peruanos que jamás debieron de estar frente al fuego cruzado de los terroristas y las fuerzas del Estado.
Contra esa realidad, no hay argumento ni ideología que pueda plantearse negacionista de lo que acá en el Perú sucedió hasta principios del siglo XXI y desde finales de la década de 1970, cuando las pequeñas guerrillas revolucionarias que desde la década de 1950 y 1960 habían empezado a surgir en la sierra peruana fueron conformando las filas del MRTA y de Sendero Luminoso.
 
 
En el Perú hubo un conflicto armado interno entre las fuerzas del Estado y los grupos terroristas, y esa es una página en la historia del Perú que jamás debe de olvidarse, pues es responsabilidad de cada peruano, adulto o no, hombre o mujer, y sea cualquiera su ideología, su raza, su credo y/o su profesión, que aquellos sangrientos y horrendos hechos jamás vuelvan a repetirse.
 
 
 
Miércoles 28 de agosto de 2013
(Fotografías: Archivo de la muestra fotográfica Yuyanapaq de la CVR)
GianGian Producciones